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La Inquisición de la razón

⊆ 11:19 by Román Carcagno | ˜ 0 comentarios »

Yo soy mi nuevo dios, el anterior era imperfecto pero no eran mis imperfecciones. Prefiero las propias porque tengo la opción de corregirlas, pero no las de él. Es por esto que decidí reemplazarlo.
El mundo no se detiene hacia un camino muy distinto. Los antiguos dioses son reemplazados por nuevas versionas, algunas a imagen y semejanza de los antiguos, y otro nuevos, productos de la razón y/o del marqueting capitalista (más parecidos por su imagen a los héroes de las mitologías griegas).
El siglo XXI se encuentra entrando en una inquisición de la razón (bruscamente en la cultura occidental y mas diluida en otras). Se manifiesta de por si por medio de la PSICOLOGÍA que se autoproclamó la nueva VERDAD ONMISCIENTE. Esta nueva RELIGIÓN, protociencia en decadencia, ha encontrado a sus fanáticos religiosos y fundamentalistas que sienten el poder de juzgar y analizar los sentimientos de las personas y guiarlos hacia la verdad absoluta. Ellos no conciben otro camino y otra solución a la que ellos aceptaron. Los NEO SACERDOTES nos rodean cada vez más, acumulan CREYENTES devotos de su verdad inequívoca y los esclavizan en sus inseguridades cobrándoles religiosamente el diezmo. Su fundamentalismo me asusta porque cega su capacidad de razón, producto de los primeros psicólogos, aventurados científicos y estudiosos que pese al rechazo colectivo cultural producto de los dioses antiguos provocaron revuelos revolucionarios en el pensar. El pensar fue su don, la investigación y no la negación a cualquier precepto preestablecido por los dioses antiguos, por la antigua inquisición religiosa que aniquilaba cualquier razón fuera de la propuesta por los antiguos sacerdotes y su divinidad (ya descafeinada por la ciencia en crecimiento, pero firme y poderosa al fin). Galileo podría dar testimonio claro de esta idea. No muchos lo saben, pero mientras él era juzgado por la antigua iglesia, en Holanda al mismo tiempo se planteaba la posibilidad (por primera vez documentada) de la existencia de vida fuera del planeta tierra, en un ámbito donde todos los libros que la inquisición prohibía eran publicados libremente por la maravilla de la imprenta móvil. Esto es posible solo por la libertad de la mente pensando, culta en razón e instinto y sin dudas inquieta, muy inquieta.
Esta es la problemática que acarearon los neo sacerdotes que como los antiguos maestros de la ley divina, ponían las escrituras de los libros sagrados por sobre los propios profetas y el mesías. En este caso no es solo la ambición y el poder lo que los atrae, sino el sentir esa capacidad que antes les era negada, la de poder analizar y ver lo que antes no veían. Aquella persona que sabe destapar un caño no llama al plomero. Esto sucede con estos neo sacerdotes y sus creyentes. Su falta de tacto para analizar sus problemáticas es lo que los lleva a estudiar y su descubrimiento los vuelve fanáticos.
Su fe es tan grande que no obtienen la capacidad de analizar y de procrear un crecimiento científico como los primeros psicólogos, investigadores consientes de su imperfección, o como cualquier buen científico y artista que quiere un acabado perfecto de su obra pero sabe que siempre es perfectible. Ellos no analizan, no crean, no investigan, solo leen y REPITEN SUS LIBROS SAGRADOS. Sin dudas existirán casos fuera de la ley, como también existieron obispos y papas abiertos a nuevas ideas y conceptos. Pero hoy, la psicología trata a todo ser no creyente es su divinidad como impío y lo juzga abiertamente como a Galileo. Tal como quienes negaban a los profetas y al mesías con su mandato creyéndose ellos con más autoridad, los neo sacerdote tiene una mayor culpa que los creyente ya que conocen la LEY DE DIOS, pero la promulgan a propio beneficio pero nunca a cuestas propias, siempre experimentan con los creyentes, obviamente, si antes estos le pagan el diezmo. Se olvidan de su falta de divinidad y que sus vidas son tan caóticas como la de sus ovejas o cualquier mortal, pero satisfacen su placer perverso impunemente al manipular su conocimiento por sobre terceros sin riesgo de ser acusados de mala praxis.
Sin dudarlo, la psicología es un instrumento maravilloso, es hermosa como subproducto de la literatura y la filosofía, pero dista de la divinidad y de lo perfecto, y alcanza su imperfección pura en quien la ejerce sobre otro, tal como en cualquier otra religión.